Cuando me propusieron escribir este artículo, me planteé el hacerlo desde una perspectiva personal, intentando caer lo menos posible en los tópicos históricos, técnicos o teóricos habituales
casi siempre presentes cuando intentamos escribir acerca del arte del Taiji. Por lo tanto, intentaré limitarme en lo posible a contar cómo entiendo y de qué forma vivo personalmente desde mi experiencia la práctica del Taiji.El Taiji Quan (T´ai chi C´huan) es un “arte marcial” que aunque considerado como un arte “interno”, tiene los componentes propios de ambos términos. “Arte” como concepto de desarrollo y evolución de una conciencia de estructura corporal, movimiento y relación con nuestras emociones y sentimientos aplicados desde un estado de alerta meditativa. Y “marcial”, desde un aspecto de técnicas aplicadas e implicadas en la defensa personal.
El Taiji Quan (T´ai chi C´huan )es un arte vivo y constante evolución.
Hay quien insiste en separar los términos “Taiji” y “Taiji Quan”, simplemente por separar el aspecto marcial de la enseñanza. Particularmente pienso que muchas veces esta diferenciación viene dada por la carencia de los propios instructores en este campo.
El Taiji nos enseña a trabajar con diferentes ritmos aplicados a distintos elementos, de forma que, por ejemplo, el ritmo del elemento tierra nos produce una mayor sensación de arraigo y enraizamiento que se traduce en trabajar nuestra movilidad de manera más consciente, desde una toma de conciencia corporal y estructural, y consecuente con el entorno, así como el ritmo de agua nos ofrece una sensación de fluidez y continuidad, o la madera nos puede dar presenciao el fuego, explosividad.
La base del trabajo energético del Taiji está íntimamente relacionada con el Qi Gong -Chi Kung (literalmente viene a significar “trabajo con la energía”), que a su vez tiene su origen en el Dao Yin (inducir y conducir la energía), al que se le atribuye un origen chamánico. Existen muchos estilos de práctica dentro del propio Taiji Quan, pero lo más interesante a mi entender es que, teniendo una base común, hablamos de un arte vivo y en constante desarrollo y evolución.
Personalmente os diré que desde que me inicié en este arte he experimentado cambios importantes en mi vida. Ha mejorado mi estado de salud general, he dejado de lado problemas físicos relacionados conmi espalda, como lumbalgias, cervicalgias, etc… y sobre todo ha mejorado mi aspecto anímico. No hablo de panaceas, sino de la mejora de pequeños aspectos cotidianos y del despertar de una conciencia que nos ayuda a desarrollar la eterna complicidad entre cuerpo y mente. Un saludo y feliz práctica.
ERRAMUN OIARTZABAL
